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¿Por qué el vino es la bebida nacional? Felipe Pigna.

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LOGO MINNI“Al gran pueblo argentino salud”, el último libro de Felipe Pigna, se adentra en la historia del vino nacional desde las primeras vides plantadas en Santiago del Estero en 1557 hasta estos días, un itinerario marcado por avatares políticos, sociales y económicos.

“Los religiosos son pioneros de la industria vitivinícola y se dan situaciones curiosas porque los Reyes de España impulsan la actividad pero crece tanto que la prohíben y ese mandato no se cumple, sigue el cultivo a través de las órdenes religiosas para evadir al fisco”, cuenta Felipe Pigna en su nuevo libro “Al gran pueblo salud”, una historia del vino nacional.

En el caso de Santiago del Estero faltaba un sacerdote y los vecinos fueron a buscarlo aLa Serena, en la costa chilena del Pacífico, y regresaron con fray Juan Cedrón y “plantas de viña”, en lo que se considera “la referencia documental más antigua sobre la llegada de la vid al territorio argentino”.

Luego se expande a La Riojay Salta y del lado chileno va hasta Mendoza, donde las vides se van a aprovechar muy bien por la abundancia de agua, que facilita el riego.
En esos tiempos “la producción tenía otra dificultad debido a que los centros de consumo estaban lejos de los centros de producción y se comenzó a usar el sistema de mosto cocido para que el vino durara más”, comenta el autor del libro publicado por “Planeta”.

El agregado del mosto, un procedimiento que en España se denominaba “Vino de Benicarló”, devino en el carlón, indica el historiador, “el más popular de los vinos consumidos en nuestro país (…) era infaltable en el inventario de las pulperías”.
Hay una anécdota sobre San Martín cuando fue gobernador de Cuyo sobre el “encandilamiento de las etiquetas”: “A esas botellas de vino de Málaga, les he puesto ‘de Mendoza’ y a las de aquí ‘de Málaga’ le comentó antes de una comida a un joven granadero. Los convidados opinaron que el de Málaga era exquisito, ante lo cual el general les dijo: ‘Ustedes de vinos no entienden un diablo y se dejan alucinar por rótulos extranjeros’”, apunta Pigna.
Y sostiene que “la industria vitivinícola no es para apurados porque requiere inversión, esfuerzo a largo plazo y ha generado una burguesía -distinta a la pampeana- con raíces industriales: no alcanza con cultivar la vid, hay que transformarla, por eso en Mendoza se forma una burguesía de carácter nacional”.
Otro prócer que aparece es Domingo Faustino Sarmiento, “un personaje clave por su experiencia en Chile con una escuela agro-técnica para introducir nuevas especies y adaptarlas aquí, por lo que trae a Mendoza al francés Michel Aimé Pouget y así llegan a estas tierras el merlot, el cabernet sauvignon y el malbec, la cepa madre insignia de la Argentina, aunque entonces mucha gente no lo comprendió, decían que estábamos bien con la uva criolla”.
“El ferrocarril –subraya en diálogo con la agencia “Télam”- se convierte en el gran medio de transporte del vino y va a llevar a los inmigrantes en un ir y venir que imprime un gran dinamismo a la industria de la vid”.
A mediado del siglo XIX, se produce un hecho clave cuando los norteamericanos exportaron un insecto -la filoxera- que devastó los viñedos europeos y fue esta crisis la que desató la llegada de italianos, españoles y franceses, protagonistas del comienzo de nuestra vitivinicultura, detalla Fabricio Portelli en el prólogo del libro.
La historia del vino atraviesa crisis, como la de la guerra, debates o soluciones extremas: “En la década infame en vez de mejorar las condiciones de vida de la población para que el consumo se mantenga se decide derramar millones de litros de vino, lo que muestra la cerrazón mental de los dirigentes de esa época”.

La llegada del peronismo y sus políticas de inclusión hacen que el vino no alcance “por lo que se autoriza a estirarlo, a bajarle la graduación alcohólica por ley”, desgrana el autor, acerca de esta bebida que alcanzó su estatuto de bebida nacional en 2010 y en 2013 se sancionó la Ley en ese sentido.

Fuente: www.gacetamercantil.com

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